
En redes sociales descubrí que un amigó falleció Hay un silencio que me aterra cuando una luz así se apaga. Sucedió sin preámbulo. Fulminante y prematura partida. Éramos amigos que hablaron intensamente alguna vez. Jugábamos ajedrez. Me encantaba como escribía. Sentía que le podía contar muchas cosas sensibles, y dejamos de hablar por caminos distintos que tomamos. Pero el afecto estaba intacto, era un ser humano maravilloso. Siempre nos escuchábamos a la par. Dejamos una conversación pendiente, después de un largo silencio. Teníamos que hablar de filosofía. Yo quería contarle mi historia con Jesús y la filosofía. Esta carta llega tarde, pero es para ti.
Nunca he intentado comprender una noción con tanta intensidad como la noción de “la gracia”. Estimo que durante diez años desbaraté mi universo entero para redefinir lo que no lograba comprender realmente. Cuando preguntaba por la definición, las explicaciones simples me dejaban inconforme. No me cuadraba algo, me sobraba algo, me faltaba algo para poder encajar en la cosmovisión que estaba intentando asimilar. El problema era interesante. La noción estaba reorganizando todo en mi vida. Lo que me deleita es que entender esta noción implica asumir una visión que satisface todas mis expectativas y supera todos los sistemas de pensamiento que he explorado, por eso te la quiero compartir.
Cuando llegué a vivir a este país afrontaba una crisis existencial y había decidido buscar a Jesús, e hice todo lo posible por examinar y modificar todo lo necesario. Empecé a congregarme, sin que me invitaran. Lo hice a pesar de que nunca me llamaron la atención las congregaciones (incluso me disgustaban). Y cuando me pasaban un micrófono para testificar sobre mi conversión, yo dudaba mucho para responder. La verdad tenia razón en dudar, pero decidí identificar el hito de la conversión como el momento en que me empecé a congregar. Y ahora que lo pienso, no estoy de acuerdo con ese hito. Aunque tengo buena memoria y recuerdo episodios mas o menos desde los dos años, realmente no se en que momento acepté a Jesús, mi historia con él empieza muchísimo antes de congregarme como evangélica. Sin embargo, hasta que me congrego realmente hago un esfuerzo por integrar todo mi pensamiento y poner mis creencias en orden desde el evangelio.
Haciendo un esfuerzo por identificar hitos importantes, recordé momentos hermosos, íntimos y secretos. Recuerdo cuando hacia dibujos de los evangelios en clases de religión de mi colegio católico. Recuerdo que nunca se me olvidaron los evangelios desde ese particular instante en que los aprendí. La persona de Jesús estaba viva en esos relatos, y realmente me conmovieron desde la primera vez cada conversación, cada palabra de Jesús como un amor a primera vista, un amor genuino. Recuerdo como secretamente lloré un día por que mi madre (mientras se reía) me contó que le mintió al sacerdote para casarse y nunca hizo su confirmación. Pensé que mentirle a un sacerdote la llevaría directo al infierno y esta idea me atormentaba intensamente a pesar de tener siete años. También me acuerdo como algún día tuve la convicción que alguien en el cielo tomaba la lista de los que iban a misa, y me preocupaba por que seguramente me iba a ir mal por faltar algunos domingos. Esa fue mi conciencia de niña. No creo que sea justo decir que no conocía o no tenia un tipo de cercanía a Jesús.
Francamente es justo también concluir que Dios protegió a mis padres de todo mal, después de todas las suplicas que hice en todas las noches en oración. Después cuando fui creciendo no dejé de orar por las noches, incluso un día escribí un credo que había modificado después de quitar lo que no creía (como la dulía, híper, etc.). Ya de adolecente había desarrollado una pasión por la justicia, y consumía desde niña lecturas interesantes donde inspiraban ideas y preguntas existenciales.
La vida se me había vuelto insoportable. La existencia en sí me parecía un camino ambivalente con posibilidades nefastas. Pensaba mucho en las tragedias cotidianas, en la humanidad caótica. Y claramente no era feliz. No podía. Me sentía abandonada e insignificante existencialmente hablando. No reproche nunca a Dios. De mi abuela paterna, que vivió las desgracias mas temibles, aprendí a nunca atreverme a mirar a Dios con altivez ni reproche. Simplemente el vinculo entre Dios y yo se enfrió. Traté de existir, y para existir debía procurarme algo de felicidad y lo hice mediocremente. Pero yo creía en Jesús. Solo podía pensar cosas buenas de él. Respetaba la distancia, entendía que yo debía ser insignificante para el. No pude articularlo de otra forma. Me deleite en la literatura, la filosofía, el derecho. En aquello me sumergí, y desde ahí me proyecté como persona, era mi identidad.
Cuando llegué a la iglesia, yo era esto. No se si me estaba reconciliando con Dios, o volviendo a él. Pero sé que, gracias a encontrar incoherencias en mi vida, logré fomentar en mi una búsqueda apasionada en lo que era lo inmutable (que es la teología) y con ello confronté mis ideas difusas. Pensé que así podría de pronto tener una relación mas cercana con él. Y gracias a identificar incoherencias, pude encontrar la razón de una desconexión y nociones interesantes que me hicieron cuestionar lo que creía y como lo creía.
En un momento logre ver en mi mente una imagen de Jesús acompañándome mientras lloraba. Su presencia hace toda la diferencia. Y no es una idea como los libros de auto superación (que odio), no es una idea hermosa que intento creer, es algo que se siente diferente.
Cuando empecé a ir a la iglesia me planteaban la cuestión de salvación de obras a diferencia de la salvación por gracia. Y este es el punto que me interesa. Acá me di cuenta de que no estaba convencida en que la gracia salvara por si sola.
Estaba acostumbrada a categorizar entre gente buena y gente mala. El cielo era un destino para los buenos, no tenia para mi sentido otra cosa. Lo que definían los pastores como “gracia” me parecía un tipo de pensamiento positivo, tipo auto superación, una idea incoherente con el resto de la Biblia. Nunca creí en la doctrina de la prosperidad. Nunca busque a Dios para exigirle cosas o declarar, y la idea de que la gente se salve por decir una frase tampoco me convencía.
Después de años de ver la búsqueda de justicia como una búsqueda inevitable por hacer lo bueno, evitar lo malo, tener una ética, tener misericordia, otra idea que no implique un bien objetivo es problemática. La ruptura de lo que es objetivamente bueno deja bastantes incoherencias como el problema de sufrir las acciones dañinas de los demás, sufrir injusticias o la ambivalencia de lo que es bueno. Por lo tanto, abandonar una idea de salvación donde al que ha hecho bien se le recompensa con la salvación, necesariamente desestimula hacia lo que es bien. ¿Como es posible que la salvación sea una cuestión de decir una frase como “yo creo en Jesús”?
Además, siempre he tenido un tipo de convicción que puede haber ateos que se declaran creyentes por que las convicciones que son evidentemente contrarias a lo que se hace hablan en si mismo y no puedo conciliar la idea de creer en un juez superior con hacer cosas que dañen a otro. Es decir, el temor de Dios conlleva a que las personas confronten ideas propias con la justicia de Dios y eviten daño a otros. Pero no como algunos ateos piensan, (hablo en mi caso) la idea de Dios se proclama por querer tener un motivo para evitar daños sino por que se cree que es el caso, sino que la incoherencia de creer en que algo es bueno y no hacerlo es interesante.
Por todo esto la comprensión de la gracia implica entender varias cosas y armonizarlas todas. La noción de la gracia es rica y compleja. Estudiar filosofía me ayudó a identificar los problemas y las posibilidades claramente.
Particularmente cuando comparé un poco las ideas de Levinas y Aristóteles pude entender para siempre algunos puntos que me ayudarían a poner en dialogo ambas ideas y a asimilar la gracia como algo que realmente yo no había entendido profundamente.
Levinas no elabora un sistema ético como el Aristotélico, ni parte de un paralelismo contrario. Sin embargo, la comparación me ayuda a entender los efectos de ambos pensamientos mejor. Aristóteles elabora un orden sistemático donde el ser humano puede identificar un fin universal, común para todo ser humano, que es la felicidad y la define como una actividad de hacer bien y vivir bien. Luego clasifica las conductas humanas en virtudes o deficiencias y estas a su vez las clasifica dándole un tipo de grados o niveles. La idea es que el ser humano busque la excelencia de su conducta y esto lo lleve a una vida que hace bien social y bien para si mismo. Es realmente indiscutible que este sistema siempre puede ser algo positivo para la sociedad por eso los escolásticos incorporan este sistema con los valores cristianos y siento que ese sistema se vivió como un tipo de sentido común hasta la época en que fui educada, a tal punto que intuitivamente se selecciona lo bueno y lo malo y todo se clasifica de este modo.
En mi problemática por asimilar la salvación por gracia identifico la gracia como una anulación de un sistema anterior donde se identifica claramente el bien y el mal. Pero se que esto no puede ser la gracia por que evidentemente todo el evangelio sigue reconociendo lo que es objetivamente bueno.
Jesús cuando habla, indica claramente que existe una rectitud, lo bueno, lo ideal. Decir que no se debe hacer lo bueno y que alguien está automáticamente perdonado aun sin siquiera procurar hacer cosas malas, no es algo que me parece coherente.
Las obras son todo. Es decir, las manifestaciones de los actos humanos son las que fielmente reflejan lo que se cree. Lo que uno cree es mas que una hipótesis, es vivir lo que se cree, lo contrario seria no solo falta de integridad sino la confirmación de que no se cree realmente. Solo con una integridad del deber ser y el ser la convicción es plena, yo entendía así lo ineludible del obrar y que por eso se salva uno.
Todas las cosas malas, todas las ausencias de justicia, toda la decadencia social se entiende de este modo. La gracia me pareció problemática por que al premiar a una persona que solo cree a diferencia de una que hace implicaría una teología que suprima las nociones de bien o mal. Como si el nuevo testamento anulara el antiguo, pero dentro del nuevo es evidente que no es el caso.
Así seguía tratando de articular todo sobre la gracia. En Totality and Infinity Levinas hace algo interesante. Sin que elabore un sistema ético, genera por medio de una fenomenología una formula para justificar o acompañar la ética. Es decir, para incorporar una motivación hacia la ética partiendo de en la mirada al otro. Lo que hace realmente es identificar la importancia de mirarse uno y mirar al otro. En la mirada a uno y al otro se incorpora un valor por el que no es “yo” y realmente resuelve la propia necesidad de valorar al otro.
Paralelamente me di cuanta que se habla poco de la gracia. Se habla mas de algunos beneficios, pero no de lo que realmente es. Se habla que ya todo esta consumado para la salvación, que es así de simple. Y eso es cierto. Pero meditar profundamente en lo que es la gracia hace un aporte muy grande a nuestras vidas. Primero comunica un valor desde Dios hacia nosotros, y segundo enseña a aplicar valores a los demás. Entonces estamos hablando que tiene efectos de salvación es decir de manera existencial pero también nos trae un sistema de asimilar la justicia y aplicarla de manera terrenal.
Voy a tratar de hacer énfasis en la importancia de esta noción, para explicarla. Para empezar, diré que no podré decir todo lo que la gracia es, por que es demasiado importante y valioso.
La gracia es el amor de Dios por la humanidad perdida y doliente. Es todo lo que podemos buscar y todo lo que podemos anhelar y todo lo que ya no es dado. Nada mas se puede pedir en esta vida. Nada mas importa, nada mas vale.
La gracia es un plan que Dios tenía para la humanidad. Es como Dios manifiesta su amor y la dignidad humana. Es decir, se entiende desde la teología como parte de una secuencia donde primero se enseña a la humanidad lo que es bueno, y después (habiéndolo planeado previamente) Dios comunica una dignidad interior de cada ser humano y un deseo de Dios por que esas personas que existen y que para él son valiosas sean dignificadas. Y la manera como comunica esto es que Jesús trae un mensaje tan desconocido y extraño a las costumbres del judaísmo que ni ellos mismos (hablo en cuestión de la totalidad de la comunidad) asimila esta idea. La gracia es claramente un agregado a esa secuencia teológica donde ya sabiendo que es bueno, el ser humano ya no se motiva a hacer lo bueno por que es bueno, sino que se parte de un reconocimiento afín con Jesús y a partir de ahí se une a Dios. Por lo tanto, el hacer lo bueno seria una consecuencia de recibir la gracia.
Es la manifestación profunda de amor eterno. La visión de Levinas nos ayuda a entender que en el valor del otro puedo justificar un trato ético a los demás, pero también puedo valorar que la mirada de Dios hacia nosotros que nos comunica salvación necesariamente conlleva un amor inmerecido y una mirada que nos valora previo a nuestras acciones buenas y malas. Entonces la gracia es la manifestación de un profundo valor. Y también una fuerza motivadora para ejecutar trato que implique insertar este amor y valor partiendo del valor propio y valor a los demás.
Como humanos el amor es algo difícil de explicar. Creemos que amamos al otro, pero realmente rara vez realmente amamos. Con las relaciones de pareja creemos que amamos a la pareja, pero amamos realmente lo que ellos nos hacen sentir. Es decir que de cierto modo el amor de pareja es un amor egoísta por que es deleitarse en el otro y llamarle a eso amor, que no es malo, pero cuando ya el otro no nos hace sentir eso, podríamos mejor llamarle amor a eso. A los hijos los amamos (normalmente), pero esperamos que los hijos sean buenos para amarlos, para no restringirle el afecto, para no castigarlos con indiferencia o reproche en una extraña forma de tratar de manipularlos al bien. Con los amigos, con la gente nos pasa algo así. Empatía normalmente se siente por el igual, a diferencia del diferente. A los amigos los amamos por lo que nos aportan. Es decir, todo esto es casi lo normal, o lo razonable. Esta era mi dosificación de amor, y yo por lo tanto entendía el amor de Dios reservado a los buenos, a los que merecen el amor. Por eso a veces en el desamor, buscamos en nosotros mismos la razón. Por eso las personas nos comunican la carencia de valor en nosotros para no merecer su amor, su respeto, su cariño.
Tiene sentido. Incluso, tiene sentido bíblico. En el antiguo testamento se margino a los incircuncisos, y los transgresores de la Torá. Y es que el incumplimiento de lo bueno, no tiene sentido justificarlo tampoco. Como se va a identificar a una persona que es buena por decir una frase y no seguir lo que es bueno por seguir lo que es malo.
Jesús habla de los hacedores de lo bueno. Pablo habla de los que hacen cosas malas y serán rechazados. Santiago habla de que una fe sin obras es muerta. No tiene sentido salvarse por gracia y no por obras. Sin embargo, hay un tipo de “fenomenología de la gracia”. Gracia es salvación inmerecida. Es el llamado a Jesús y a la salvación que se extiende cuando estamos en el extremo y a pesar de estar en el extremo mas lejano de ser buenos.
Gracia es mirar la condición mas oscura y caída y reconocer una dignidad. Una dignidad que ya nadie ve. Eso es amor inmerecido, diferente a lo normal que es amar al bueno, al que tiene buen corazón. Es decir, Jesús no selecciona a los que se “portan bien” y los premia con la gracia, el identifica dignidad en los caídos y los ama invitándolos a ser salvos. Es decir que hay que reconocer que a los que están apartados de la rectitud, de la corrección, de lo bueno, son destinatarios de redención por la gracia y que “ser buenos” no es lo que llama la atención de Dios para llamarnos, sino que nos llama estando caídos por que el amor es previo.
Y esto es lo que Jesús hizo, primero, Israel enseña lo que es bueno, luego Jesús viene a perdonar los que ya son transgresores, los que no habían sido llamados. Los que no tenían sentido, ni dignidad, ni amor.
No es hipérbole decir que nadie ama así. Por que nadie ama así. Nadie te mira en tus peores días, y simplemente te ama. Nadie a pesar de merecer lo peor te dice igual te amo tanto que te incluyo en mi casa, sin que tu siquiera se lo pidas.
Yo he sentido el desamor de muchas formas, y eso me hace daño, aunque lucho por que no sea cierto. Las veces que he amado a alguien y esa persona me demuestra total indiferencia, me pregunto por mi valor, aunque no quiera hacerlo. Por lo menos pienso que carencia vio en mi el otro para no encontrarme digna de amor. Es que eso (y mas) es lo que se siente el desamor, la indiferencia. Una persona con el amor de la mamá crece sabiéndose digno, sabiéndose amado. Una persona sin mama, la extraña de forma extraña. Una persona a la que la mama le hace daño no puede dejar de cuestionar la razón, el sentido, la dignidad que no vio la mama.
En mi caso, todas las carencias que racionalmente había yo solucionado, incluso cuando dejé personas toxicas que amaba, aun cuando hubo injusticias a las que no les permití seguir haciendo daño, en todos esos casos seguía habiendo algo que no se podía solucionar. Y no voy a exagerar cuando digo que al comprender que Dios creador del cielo y de la tierra me miró siquiera un instante y sin que yo lo mereciera me llamo para tener una relación con el, para tener acceso a la salvación, en ese momento que comprendí eso, vi la magnitud de lo inmerecido, la magnitud de la dignidad y realmente todos los huecos de mi alma desaparecieron de una particular manera.
Cuando se comprende la dignidad y el amor que la gracia comunica, toda la teología se armoniza. Por que entiendo que la mostaza que Jesús habla en las parábolas es una pequeña idea, es su mas esencial forma, que cuando la trabajo y la hago crecer da fruto. Y así es como las obras llegan después de haber recibido la gracia, por la gracia y no por mi.
Toda la justicia en el mundo cambia de sentido. Es un lente que se pone uno y empieza a ver el sentido de la existencia. Mi cuerpo, mi mente no es perfecta, pero decir que no veo efectos de la gracia de Dios en mi vida es mentir. Y simplemente creo que necesito comunicar esta verdad por que es lo mas importante que puedo decir. Yo no evangelizo. Lo hace el Espíritu Santo. Yo no persuado, Dios esta presente en la búsqueda, Dios habla de formas intimas, y es así como entendí esta noción. No soy buena, ni necesito serlo como un tipo de meta para que Dios me salve. Soy transformada paulatinamente por que Dios me amó.
Ninguna corriente me aporta una dignidad mayor a ser amada por el que me creó. Ninguna corriente me ha dado la vida, ni menos en abundancia. Aceptar a Jesús permite algo tan simple como una frase, pero conlleva una transformación que es progresiva y que no se detiene. Dios no es bueno en el sentido que nosotros lo califiquemos con un adjetivo humanamente creado. La noción de bueno es exclusivamente lo que se de algún modo se asemeje a el por que el es la misma perfección que nada puede superar ni imitar. Cosmológicamente no podemos ver las paredes del universo como tampoco los limites de su creador, y la gracia nos comunica el corazón donde aun siendo una gota en el mar somos llamados por que somos amados, y nadie puede amar así. La gracia salva mas allá de la muerte, pero también en este mundo, en este momento, y para siempre tiene efectos y dignifica. La vida nunca vuelve a ser igual. Mi vida nunca ha sido igual.
Te lo dije tarde, y no guardaré más el evangelio…